“JAMáS ACEPTARé UN PREMIO AL QUE LE CUELGUE LA ETIQUETA DEL PRECIO…”, POR JAIME BOSQUED MARTRET, SOCIO-DIRECTOR DE JJ COMUNICACCIóN
26/06/08
“Dirán que soy un tipo extraño –que sin duda lo soy; al menos, tanto como el que más–, pero el pasado lunes asistía, en uno de los más rancios y lujosos hoteles de la capital, gamba rebozada en una mano y güisquito ligeramente aguado en la otra, a la tradicional entrega de premios de una conocida revista de economía para los dirigentes de nuestros negocios, sin dejar de preguntarme, eso sí, para mis fueros internos, a cuánto estará ahora el kilo de diploma con orla y cenefa o el cuarto y mitad de trofeo-en-forma-de-figurita-alegórica-de-diseñador-que-no-entiende-ni-él-mismo…
He de decir que suelo huir de este tipo de actos –en los que además, ya ni el marisco con gabardina, ni el escocés de marca son lo que eran–, pero tenía a un futuro hoy ya cliente en Madrid y quería que viese que no se pierde nada residiendo a medio millar de kilómetros de la capital. No te preocupes, Iván, que habrá más ocasiones de asistir a este circo, porque en franquicia hay más premios que longaniza”.
Además, te lo resumo enseguida. Mira, en este tipo de celebraciones el público asistente se divide por castas: por un lado están los empresarios que –salvo honrosas excepciones que todos conocemos: en la franquicia, ninguna– han comprado un premio para su marca, y que se definen sí mismos; por otro, el resto de empresarios, sus competidores, que no han querido o no han podido acceder a estos reconocimientos bastardos y que sonríen por vergüenza ajena o por buenos modales; a ambos acompañan los publicitarios del medio que concede los galardones en cuestión, pendientes de no dejar que se les escape ninguna pieza viva, que para eso le ha salido la bromita del hotel de lujo, a la empresa editora, por un ojo de la cara…; están también los consultores, que hacen gala de su verdadera habilidad: ser capaces de comer, beber y presumir de sus habilidades profesionales, todo al mismo tiempo; y finalmente estamos los periodistas, testigos cómplices de esta feria de las vanidades: los del grupo editorial que concede los premios porque son conscientes de quién firma los cheques a fin de mes, y los del resto de medios de comunicación porque hace tiempo que el periodismo asiste a este tipo de teatrillos, a estas pantomimas, sin señalar con el dedo ni poner colorados de vergüenza a quienes organizan y toman parte en tamañas pantomimas. El whisky ayuda…
Lo cierto es que a mí se me caería la cara de vergüenza –ya digo que a lo mejor soy un rarito, pero presiento que más de uno y de dos lectores están sonriendo al leer estas líneas– si fuese uno de esos directores de Expansión que recogen, con gesto de no haber concedido nunca una franquicia en vano, esa horrenda esculturilla que suele acompañar la concesión de uno de los premios que venden las ferias y las revistas del sector de la franquicia. ¡Pero si cada trofeo es más feo que el de la competencia!
Y digo que no subiría al estrado llegado el caso porque tirar de talonario para adquirir un premio es, en primer lugar, pagar por algo que uno no merece; es más, podríamos repasar la lista de las últimas 100 franquicias o directivos de las mismas que han recogido estatuilla y nos encontraríamos sorpresas como enseñas desaparecidas tan a bombo y platillo como llegaron al mercado, profesionales que lo mismo que abrieron dos centenares de unidades operativas han asistido impasibles a su cierre paulatino y estoy seguro de que alguna de dichas copas doradas ha acabado en El Rastro…
Pero es que además, cuando se premia injustamente a una enseña, se está cometiendo una doble injusticia: no sólo se le otorga a quien no la merece –porque engaña en la concesión de franquicias, no selecciona bien ni a los candidatos ni los locales, no da la formación adecuada a los nuevos asociados, incumple su obligación de asistir continuamente a su red, etcétera–, sino que se le está negando su reconocimiento a aquella/s otra/s que sí que se lo han ganado: las que no venden, sino que conceden las franquicias, dicen que no a candidatos inadecuados y a malas ubicaciones, se vuelcan en el día a día de sus unidades…
Me gustaría pensar que en otras ramas del mundo de los negocios los galardones tienen una concesión algo más justa y un aspecto menos horrendo. Pero necesitaría al menos otro ‘on the rocks’…